sábado, 19 de junio de 2010

Ya ves


Llaves, que cierran o abren

como las manos

que dan o esconden.

Ya ves como son de engañosas

las palabras,

que encierran significados

y abren interrogantes.

glendagalan.blogspot.com

domingo, 28 de febrero de 2010

Una mirada lo cambia todo




Una amiga dominicana que vive en Broward me pide ayuda para montar el Festival Gastronómico Dominicano de la Florida. Le digo que si, que cuente conmigo. Como agradecimiento, ella me sugiere para ser invitada a la Cámara de Comercio Domínico-Americana a leer mis poemas, en una actividad conmemorativa de la independencia dominicana.

Con la ayuda de unos amigos elijo los poemas que leeré y asunto resuelto. Hasta aquí todo bien, realmente no me pongo muy nerviosa cuando hablo en público, quizás porque estuve muy acostumbrada a hacerlo hace unos años cuando vivía en la isla, pero mientras se acercaba el día empecé a preguntarme:
A quién carajo le va a interesar las cosas que escribo? Porqué alguien perdería su precioso tiempo escuchándome leer unos poemas que solo tienen sentido para mi?

Desde ahí empecé a poner nerviosa, decidí ir con cualquier ropa que no me importara mucho, por los tomatazos que quizás recibiría. Más aún, pensé en rezar un rosario para ver si la Virgen se apiadaba y hacía el milagro de taparle los oídos a los asistentes del evento, pero luego pensé que la Virgen debía estar muy ocupada con su hijo en Haití.

Nada, que llegado el día y sin poder decir que no iría, por vergüenza a herir susceptibilidades, leo varias veces los poemas y salgo para el lugar acordado. Me gusta llegar temprano a los sitios, no soy una buena dominicana en ese sentido, por lo que más de una hora antes salgo de casa. Cuando llegamos a menos de 5 minutos del lugar (según el GPS), una multitud de policías rodea las calles. Mientras más trato de acercarme hacia donde me dirijo, más me desvían.

Pregunto que sucede, una policía dominicana (obvio por el acento) me dice:
Mija, e que hay un maratón, hay mucho tapón por eso. Te va tené que parquiá lejo.

Media hora después, mis nervios no responden, me tiro del carro computadora en mano y en pleno Down Town camino hacia donde no tengo idea, el frió camina a mi lado, me envuelve, la calle se ve mas grande y ancha de lo usual, está vacía, los carros no pueden llegar hasta donde estoy.

Un chino me indica que estoy cerca y entonces guiándome por sus dedos camino en esa dirección. Llego por fín al salón de la Cámara de Comercio, saludo, me presento y me dicen que espere en una silla. Edad promedio de los primeros en llegar?
125 años mal contados.
Mis poemas se inquietan en la computadora, los tranquilizo chequeando que todo esté bien en pantalla. Empieza a llegar gente un poco más joven, respiro! Luego de 3 charlas donde hablaban sobre el 27 de febrero, día de la independencia, me siento agonizando, pues me entero allí de que Duarte (el Padre de la Patria) fué el gestor del primer golpe de estado en la isla. Que país el mio!

Turbada con aquella información los poemas no tienen ganas de salir a compartir con nadie, pero ni modo, me presentan y tengo que leerlos.

Un público muy variado me recibe:
Un grupo salido del geriátrico, un ex presentador de tv de los 80's, un pintor y sus obras colgadas de las paredes, una doctora que participó en un comando en la revolución del 65, un señor cojo, unas cuantas personas cuyo oficio no pude determinar y mi hijo Javier.

Subo al podium, abro la computadora, se me traban algunas palabras y la misma computadora decide no funcionar bien, miro a Javi, el me observa. Una luz que sale de sus ojos verdosos, me indica que hay alguien interesado en escucharme, que hay un ser sobre la tierra que espera con ansias mis palabras.
Entonces los poemas fluyen, vuelan hacia el, le llegan al corazón y lo transforman en el de un niño orgulloso de su mami.

Me dijeron que aplaudieron mucho, que hasta me pidieron que leyera más, yo solo recuerdo el abrazo de mi hijo cuando me dijo: Mami, tu eres cool!

glendagalan.blogspot.com

martes, 8 de septiembre de 2009

Melancolía

Braulio Fortuna

Sus pasos lo condujeron a la ventana, la ventana le permitió ver la ciudad dormida. Se pasó la mano por el pelo en un gesto de desesperación y asombro. Se sentó en el sillón o más bien se desparramó en él. Si, esa era la palabra correcta, estaba desparramado, no sólo físicamente sino mentalmente. Su cuerpo ocupaba un espacio físico determinado, era un punto en las coordenadas de meridianos y paralelos, minutos y segundos que se observan en los mapas. Pero su espíritu, o su mente o su ser, lo que fuera que habitaba en su cuerpo, no estaban allí.

Apoyó los codos en las rodillas y se tomó la cabeza, quería detener el incesante flujo de pensamientos que lo agobiaban. Había un huracán dentro de su pecho, un torbellino que no paraba de girar y amenazaba con tragárselo. Sus pensamientos iban al futuro y le traían desesperación y miedo, una preocupación dañina que le obligaba a sufrir por anticipado. También iban al pasado y le recordaban los errores que había cometido, las faltas en las que había incurrido por soberbia o por ignorancia, pero, que le habían dejado una huella indeleble que se manifestaba hoy. ¡Pero hoy no era hoy! No sabía qué día era; por eso había querido ver la ciudad y tratar de encontrar el punto exacto en donde estaba. Si hoy no era hoy, ¿Entonces qué momento era? Trataba de recordar, de profundizar, pero no podía. El fragor de su cerebro y de sus emociones lo llevaban de un lugar a otro, de un tiempo a otro, como una rama arrastrada por los vientos de la tormenta que vivía.

Desparramado, de verdad sintió que era así. Los escasos segundos en que lograba verse, en que lograba estar presente, o sea detener el remolino de su interior, podía concluir que algo no estaba bien. Algo se le escapaba de su comprensión pero no sabía bien qué era. Un sabor amargo le raspaba la garganta, le hacía crujir las tripas; pero no podía llegar a ninguna conclusión clara. Todo era borroso. Se incorporó de nuevo y miró por esa ventana que lo comunicaba con una ciudad impertérrita. Una ciudad de cemento y luces que en su frialdad albergaba tanta vida. El fragor retornaba y se sumía de nuevo en esa desesperación enfermiza, en esa sucia manera de hacerse daño, pero que no podía evitar. Golpeó el vidrio con rabia, se apoyó en el marco y puso la frente en el sucio cristal. Tuvo la sensación de que era sólo una cortina de agua y que podía traspasarlo, su cabeza colgaba ahora treinta pisos en el vacío y vio como las sombras que gobernaban la noche se movían en una danza pegajosa y sensual. Le dio miedo y se retiró. ¿Era verdad? ¿Era correcto querer terminar con su propia vida? ¿Era útil para él o para la vida el terminar con todo sin ni siquiera conocer el sentido?

Volvió a su sillón y cayó de nuevo en ese hoyo negro que era su propia alma. Todo el desconocimiento inaudito de sus acciones, de sus experiencias, de su historia, por decirlo así; le provocaron vértigo. Se dobló sobre sí mismo y supo, en ese instante de revelación, que si la noche era la puerta de entrada a las catacumbas de su mundo interno, entonces él era un fantasma que no tenía hogar. “Claro”, se dijo, “no habito un lugar específico, sino que vago de cuarto en cuarto, de calle en calle, de ciudad en ciudad, sin tener donde descansar.” “Claro”, se dijo, “es por eso que tengo este cansancio de siglos.” Era un fantasma dentro de su cuerpo. Esbozó una mueca, algo parecido a una sonrisa. La maldita desesperación y la horripilante melancolía que corroía sus huesos, no lo dejaban ni siquiera sonreír. ¿Era hoy o era mañana o era ayer? Esta pregunta se repetía una y otra vez dentro de su cabeza. No podía responder pues ahora sentía rabia por aquello que hizo tres años atrás: peleaba y discutía con esa persona con la que no pudo resolver el conflicto y en donde quedó herido. Al siguiente minuto sentía miedo, no sabía que iba pasar mañana y como resultarían las cosas. ¿Que irá a pasar, podré salir de este enredo? Y así, interminablemente, en un ir y venir del pasado al futuro, del futuro al presente y al pasado.

“Soy un idiota, soy un perdedor, soy un desgraciado”, “¿Cómo no pude darme cuenta a tiempo?” “¿Cómo dejé que las cosas llegaran a este punto?” “Flojo, cobarde, si eso soy un cobarde”. “No, pero ¿qué otra cosa iba a hacer?” “No tenía otra salida, era la única opción, si lo hice era porque era la única opción”. “No, no tenía que darle todo, no tenia que mostrar todos mis secretos.” “Maldita sea, ¿Cómo pude ser tan estúpido?” “No te justifiques, reconoce tus errores, acepta tu derrota.” “Qué más da, si la vida sigue” “¿Sigue, y para donde va?” “¿Dónde irán a parar mis dudas, mis miedos, mis angustias?” “Que va, todo es un error, no hay explicación, debo aceptarlo.” ¿Soy, pero cuando digo yo soy, quién soy? ¿Acaso estoy aquí, o estoy muerto ya y no lo sé, o quizás aun no soy?

“¡No quiero pensar más!”, gritó y se paró de nuevo.

Se tomó la cabeza y en un gesto desesperado encendió el televisor. Si eso era, dejaría que la nociva maquina parlante del televisor lo distrajera, si seguía escuchándose se volvería loco. Lo sabía, lo intuía, su razón se debilitaba poco a poco, como se debilita una tubería de metal que se oxida lentamente en la humedad de algún patio. La parpadeante e hipnótica luz del tubo inundo la habitación. Su sombra se proyectó contra la pared, en donde, de manera irónica, un cuadro de Miguel Ángel mostraba una mano humana tocando la punto de un dedo de Dios. Cerró los ojos y dejó que la bulla de voces y música lo envolvieran. Sin embargo, su agitado mundo interno no paraba de girar, no paraba de emitir su lava. Sí, eso era, era un volcán en erupción lo que había en su pecho, en su cabeza, en todos sus poros, y emitía una lava hirviente que eran pensamientos, emociones, estados de ánimo que se vertían dentro de él, envenenándole.

Abrió los ojos y vio en la pantalla a un hombre sentado en un sillón. El hombre estaba literalmente echado en una butaca de cuero. Sus manos se paseaban incansablemente por su pelo, se doblaba en dos y miraba luego por una ventana. En la distancia se veía una ciudad, pasaban sombras y figuras fantasmagóricas que semejaban siluetas femeninas en una danza sensual. El televisor reproducía los pensamientos de ese hombre al borde de la desesperación. Era una voz gruesa y gastada, como de alguien que ha fumado toda su vida y ya el cáncer corroe su garganta, dejando pasar solo una amorfa composición de palabras arrastradas, seseantes. Asombrado se incorporó, había algo familiar en esa película, aunque no lograba reconocer del todo esa voz. La imagen llevaba y traía a ese hombre, desde la ventana al sillón, desde el sillón a la ventana. Mostraba sus manos huesudas que se enroscaban en un pelo ceniciento y sucio. De pronto, el hombre en la película se volvió y mirando la cámara, en una toma frontal, habló:

“Todo lo que me pasa es que estoy dormido, nunca he despertado y he soñado mi vida. Un sueño, si, es sólo un sueño. Una pesadilla macabra en donde he cumplido todas mis fantasías, pero no he podido comprender nada. He vagado sin tener hogar, de cuarto en cuarto, de calle en calle, de ciudad en ciudad, he vagado sin tener donde descansar”

¡Maldita sea!, dijo, esos son mis pensamientos.

¿Pero son míos de verdad? ¿Quién es el que piensa? ¿Quién es el que sufre? No entiendo nada. Sus ojos cansados y rojos volvieron a enfocarse en la figura que le miraba desde la pantalla. ¿Quién era ese hombre? ¿Por qué le parecía familiar su rostro, sus arrugas, sus ojeras y esa horripilante mueca que vagaba por su boca? ¿Por qué le hablaba de despertar, qué quería decir? Despertar, ¿Pero es que acaso él no estaba despierto? “Claro que estoy despierto”, se dijo. “Puedo caminar, puedo ir a esa ventana y ver la ciudad” ¿Acaso estas lágrimas que bajan por mi cara no son de verdad? ¿Acaso estas manos huesudas no son mis manos?

Se levantó y fue hacia la ventana, en una réplica del hombre del televisor. Era una sincronicidad diabólica. La mano posando en el alfeizar, la marca gaseosa que dejaba su aliento en el vidrio, la sombra que se disipaba por la pared. ¿Qué está pasando? Se preguntó y volvió a su gesto de pasarse la mano por el pelo. El otro, en una mímica de teatro hizo lo mismo, pero dejo escapar una sonrisa. Esta vez, la sonrisa era más amplia, desapareció la mueca y dejó paso a una risa estentórea que resonó en el cuarto y viajó en un eco lúgubre por el pasillo, hasta depositarse en la cama. Allí, cubierto por unas sabanas rojas, bañado en un sudor frio, despertó. Se reía, se reía, y las lágrimas se confundían con el sudor que a borbotones salía por sus poros.

viernes, 28 de agosto de 2009

Reunión de Anoche

Anoche tuvimos una muy positiva reunión del grupo literario en casa de Carina. Gracias otra vez, Carina, por tu hospitalidad.
Todos nos llevamos la impresión de que estamos mejorando nuestra producción literaria y Chely nos ha insistido en que publiquemos material en estas páginas.
Si encuentro la forma de hacerlo, pienso poner algo mío este fin de semana.
A ver todos ustedes. Quién se anima?

Isabel

domingo, 26 de julio de 2009

Segunda sesión Literaria

El jueves 16 de julio se realizó nuestro segundo encuentro. Por cierto que la disposición de Madeleine ayudo y de que manera!. Fue en su lindo apartamento en Key Biscayne. El próximo 30 de julio será en casa de carina, que por cierto esta de regreso luego de sus vacaciones en Argentina.

¡Primera Sesión Literaria!

Este jueves 2 de Julio cumplímos nuestra primer aula en el apartamento de Madeleine. La misma superó las expectativas. Hubo tertulia, te, vino y buenos ejercicios.El saldo, como siempre, fue positivo. El 16 de julio a la misma hora ( 7 pm ET) realizaremos el segundo encuentro en casa de Madeleine.